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Os lo debo (te lo debo), y aquí está; mi más sincero agradecimiento

Querido lector,

Tras largo tiempo inactivo, aquí estoy de nuevo, dándote el coñazo con mis reflexiones, pensamientos y, cómo no, también sentimientos. Y, muy posiblemente, pensarás, ¿por qué ahora? ¿por qué tras tantos meses sin escribir lo hago en estos momentos (con el calor que hace y la pereza que da ponerse delante del ordenador)? Pues la respuesta es bien sencilla; porque mañana, 18 de agosto, sumo un nuevo año a mi casillero y te debo muchísimo. Sí, sí, no pongas esa cara. Te debo mucho. ¿Qué por qué? No te preocupes, ahora mismo te lo explico…

Dicen que cada uno de nosotros somos cómo somos por todo lo vivido y, sobre todo, por las personas que, de una manera u otra, han formado parte de nuestra vida. Y, efectivamente, creo que es así. Para bien o para mal, estoy convencido que no sería quién soy actualmente sin todas aquellas personas que, aunque sea mínimamente, han estado presentes en algún momento de mis 35 años. Y ahí, claro está, estás tú que me lees y, en ocasiones, me das tu opinión, dándome o quitándome la razón, abriéndome los ojos o, simplemente, mandándome un saludo.  

Con ellas (y contigo) he vivido regulares, malos y peores momentos pero, sobre todo, buenos, geniales y extraordinarios segundos, minutos, horas, días, meses y años de risas, felicidad, amor, sinceridad, ternura y amistad. Instantes que por siempre quedarán en mi mente y, por supuesto, en mi corazón. Por eso, hoy en día, afortunadamente, puedo decir, bien alto y bien claro, que me encuentro en paz conmigo mismo. Que me siento feliz y tremendamente orgulloso por nacer dónde nací, por la familia en la que lo hice (sinceramente, creo que no hay mejores personas), por la pareja y amistades que han sabido comprenderme, respetarme y quererme tal y como soy (con mis defectos y virtudes), por los compañeros de colegio, instituto, universidad y colegio mayor que me vieron crecer y madurar, por los compañeros de trabajo que me aguantan incansablemente día a día y por [email protected] [email protected] que se han cruzado en mi camino dejándome, a su forma, su sellito de identidad.

Me aportáis energía, me inyectáis positivismo y, en definitiva, me dais la vida. Por todo ésto, mi más sincero agradecimiento.

Querido lector, Tras largo tiempo inactivo, aquí estoy de nuevo, dándote el coñazo con mis reflexiones, pensamientos y,...

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Así te quiero yo…

Porque en ocasiones se quiere porque sí, sin explicaciones. De la forma más intensa que se ha hecho nunca. Por encima de todo y de todos. Sin dudas. Sin condiciones. Con el corazón, con el alma. Porque así te quiero yo…

Porque en ocasiones se quiere porque sí, sin explicaciones. De la forma más intensa que se ha hecho nunca. Por encima de...

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Ya no necesito más

Parece que, por naturaleza, las personas nunca nos conformamos con lo tenemos. Da la impresión que, con tal de sentirnos bien con nosotros mismos, tenemos la imperiosa necesidad de poseer más y más, adentrándonos de esta forma en un círculo de dificil salida. Queremos un coche mejor, una casa más amplia, un trabajo donde ganemos más y seamos más valorados… y así un sinfín de aspectos que, diariamente, forman parte de nuestras vidas.

Cuando entramos en esta dinámica dejamos a un lado el verdadero motivo de estar aquí; ser felices. Corremos el peligro de que llegue el momento en el que, si no alcanzamos todo lo que deseamos, nos sintamos frustrados, defraudados y, por consiguiente, infelices.
No es tarea sencilla, y con esto tampoco digo que seamos conformistas, sólo que intentemos no obsesionarnos con ello. Luchemos siempre por aquello que deseemos, pongámonos metas, pero aprendamos también a disfrutar lo que tenemos.

Como se dice coloquialmente, resulta muy fácil hablar “a toro pasado” pero por eso precisamente, porque lo he vivido, porque lo he aprendido, cuento mi experiencia; por mi forma de ser, ni mejor ni peor, nunca he tenido lo material como aspecto primordial en mi vida. Siempre he tenido claro que para ser feliz me bastaba sentirme acompañado y querido, con una pareja, con mi familia y [email protected], y ganar lo suficiente como, para de vez en cuando, darme un pequeño capricho. No he querido nunca nada más. Poder disfrutar de la vida con la gente a la que quiero.

Miro atrás y me reencuentro de frente con la disconformidad y la resignación que tanto me acompañaron hace meses. Aunque, a priori, lo tenía todo para ser feliz, he de reconocer que no lo era. Me sentía querido por mi familia y [email protected], tenía (y tengo) el perro que siempre he deseado, un trabajo que, más o menos, me permite cierta calidad de vida y una casa que, por su ubicación, proporciona mucha tranquilidad y calidad de vida. No obstante, me faltaba algo. Algo que ansiaba y añoraba desde la niñez. Algo con lo que siempre había soñado. Algo que necesitaba; mi compañera de viaje.

Ahora que estás aquí, ahora que te encontrado, es cuando puedo decir; soy feliz. Ahora es cuando tengo todo lo que siempre he deseado en mi vida. Quedan iluisones y sueños por cumplir, metas por alcanzar, pero sé que, si es a tu lado, llegaremos a donde nos propongamos.

Porque ahora ya, no necesito más…

Parece que, por naturaleza, las personas nunca nos conformamos con lo tenemos. Da la impresión que, con tal de sentirnos...

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Mi trozo de cielo

Siempre he creído que sin las personas y sin las relaciones entre ellas, solos en este mundo, no seríamos nada. Ni el dinero, ni lo material ni, por supuesto, nuestra propia persona resulta suficiente. Conforme pasa el tiempo tengo más afianzada esta idea. Y , sobre todo, desde hace 5 meses…

Por suerte, hay personas en tu vida que te acompañan, te apoyan y te hacen reír pero, por encima de todas ellas, siempre destacará una. Una que sólo se cruza en tu camino una vez en la vida. Una que aparece como por arte de magia, de forma extraordinaria, como si el cielo te obsequiase con un trozo de él, convirtiéndose en el mayor tesoro que alguien puede poseer. Una que, además de acompañarte, apoyarte y hacerte reír, guiará tu corazón para siempre, compartiendo tus mismos sueños, entendiendo tus miedos, perdonando tus errores, aceptando tus defectos y, sobre todo, dándole sentido a tu propia existencia.

Es en ese momento, cuando la vida te brinda el mejor regalo que te puede ofrecer, cuando verdaderamente entiendes que sin las personas y, sobre todo, sin una de ellas la vida no tendría ningún valor.

Porque sin ti no sería nada, mi trozo de cielo…

Siempre he creído que sin las personas y sin las relaciones entre ellas, solos en este mundo, no seríamos nada. Ni el di...

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Te quiero

Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos”, Bertrand Russell

TE QUIERO. Solo letras. Solo dos bonitas palabras. Algo sencillo y rápido de pronunciar y a la vez, en muchos casos, tan difícil de decir. ¿Por qué? En ocasiones, por vergüenza (no a todo el mundo le resulta fácil expresar sus sentimientos), en otros casos por una forma de ser reservada y tímida en la que exteriorizar ciertos aspectos personales es todo un mundo y, por desgracia, muchas veces por la imposibilidad de sentir algo hacia otras personas que no sea uno mismo.

Resulta contradictorio; es ahora, cuando más formas de comunicación tenemos a nuestro alcance (desde el correo electrónico, hasta las redes sociales, pasando por el WhatsApp y el móvil), cuando más relación diaria tenemos con las personas de nuestro entorno (pareja, familiares, amigos y compañeros de trabajo), cuando más nos cuesta expresar nuestros sentimientos de una forma sincera y pura. Y no me refiero a TE QUIERO falsos, dichos por impulsos faltos de sentimiento, sino a palabras verdaderas cargadas de amor.

Pues bien, yo quiero aportar mi granito de arena para que esto, poco a poco y entre todos, cambie. Para que sepamos decir (y digamos) sin ningún tipo de pudor ni impedimento aquello que sentimos por los demás, aquello que tanto a ellos como a nosotros nos hará encontrarnos mejor, nos cargará de positivismo, nos hará felices y hasta hará que le encontremos un sentido a nuestras vidas.

Yo creo que es el momento de empezar, ¿y tú?

Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos", Bertrand Russell TE QUIERO. Solo le...

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Miedo

El miedo es, en muchos casos, algo necesario. Gracias a él, en momentos, nos hacemos fuertes, sacamos valor de donde no pensábamos que hubiera nada y nos obliga a superarnos demostrándonos a nosotros mismos que somos capaces de todo. Pero, por lo general, el miedo nos paraliza, nos obstaculiza el camino, nos hace sentirnos pequeñitos y, en ocasiones, nos hace caernos antes de llegar a la meta.

Como dijo un historiador romano llamado Tito Livio, “El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”, y así las apreciamos cuando lo sentimos cerca. Su compañía nos angustia, nos crea ansiedad y desesperación y nos nubla la mente. Es algo inevitable, que forma parte de la condición humana, y que, en la mayoría de ocasiones, resulta incontrolable.

En mi caso, y de forma curiosa, conforme pasan los años lo siento más lejano en muchos aspectos de mi vida en los que antes estaba muy presente. Sin embargo, en otros en los que tiempo atrás apenas existía, ahora lo hace con más fuerza. Intento convivir con él, convertirlo en mi aliado, ganarle la batalla… pero, a veces, la guerra está perdida. Aunque ya lo advierte el maestro Coelho con su archiconocida “Cuántas cosas perdemos por miedo a perder” el temor no desaparece. Y cuando este aumenta su presencia, una sola idea invade mi mente; “Son las consecuencias de no saber vivir sin el corazón”.

Y vosotros, ¿de qué tenéis miedo?

El miedo es, en muchos casos, algo necesario. Gracias a él, en momentos, nos hacemos fuertes, sacamos valor de donde no...

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Lo eterno

La felicidad es momentánea, pero su recuerdo es eterno

 

Porque la vida se compone de pequeños momentos, buenos y malos, donde todos juntos, unos tras otros, forman una historia; nuestra historia.

Según dicen, son aquellas malas vivencias las que nos marcan de una forma especial, inolvidable, casi eterna, a lo largo de nuestra vida. Parece que todo lo negativo tiene un peso inigualable en nuestros corazones, que es instintivo recordar cada cierto tiempo lo que antaño nos hizo sufrir, abrazando fuertemente al dolor.

Por suerte, con el paso de los años me he dado cuenta que lo bueno tampoco se olvida. Siempre está ahí y, me atrevería a decir, que incluso de forma más intensa. Me refiero a esas cosas que sin esperarlas, y mucho menos sin buscarlas, suceden de forma espontánea, cargadas de magia, y que nos hacen encontrar una razón más a nuestra existencia. Esas cosas que, aunque no te termines de creer, nos hacen más grandes, nos hacen crecer a base de ilusiones y sueños, nos hacen ser mejores personas y creer en los cuentos que una vez de niños escuchamos.

Sí, no te equivocas, me refiero a ti y a mí. A ese preciso instante, a esa chispa que se encendió en el lugar y en el momento justo. A esa fuerza que nos unió y que, estoy seguro, siempre nos mantendrá juntos. A ese sueño que, cultivado desde niño y después de casi 32 años, se hace realidad. A ese correo electrónico. A ese primer abrazo en el coche. Y, sobre todo, a ese te quiero que nunca me cansaré de escuchar.

Porque, por muchos años que pasen, siempre lo recordaré…

La felicidad es momentánea, pero su recuerdo es eterno   Porque la vida se compone de pequeños momentos, buenos y m...

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