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Ya no necesito más

Parece que, por naturaleza, las personas nunca nos conformamos con lo tenemos. Da la impresión que, con tal de sentirnos bien con nosotros mismos, tenemos la imperiosa necesidad de poseer más y más, adentrándonos de esta forma en un círculo de dificil salida. Queremos un coche mejor, una casa más amplia, un trabajo donde ganemos más y seamos más valorados… y así un sinfín de aspectos que, diariamente, forman parte de nuestras vidas.

Cuando entramos en esta dinámica dejamos a un lado el verdadero motivo de estar aquí; ser felices. Corremos el peligro de que llegue el momento en el que, si no alcanzamos todo lo que deseamos, nos sintamos frustrados, defraudados y, por consiguiente, infelices.
No es tarea sencilla, y con esto tampoco digo que seamos conformistas, sólo que intentemos no obsesionarnos con ello. Luchemos siempre por aquello que deseemos, pongámonos metas, pero aprendamos también a disfrutar lo que tenemos.

Como se dice coloquialmente, resulta muy fácil hablar “a toro pasado” pero por eso precisamente, porque lo he vivido, porque lo he aprendido, cuento mi experiencia; por mi forma de ser, ni mejor ni peor, nunca he tenido lo material como aspecto primordial en mi vida. Siempre he tenido claro que para ser feliz me bastaba sentirme acompañado y querido, con una pareja, con mi familia y [email protected], y ganar lo suficiente como, para de vez en cuando, darme un pequeño capricho. No he querido nunca nada más. Poder disfrutar de la vida con la gente a la que quiero.

Miro atrás y me reencuentro de frente con la disconformidad y la resignación que tanto me acompañaron hace meses. Aunque, a priori, lo tenía todo para ser feliz, he de reconocer que no lo era. Me sentía querido por mi familia y [email protected], tenía (y tengo) el perro que siempre he deseado, un trabajo que, más o menos, me permite cierta calidad de vida y una casa que, por su ubicación, proporciona mucha tranquilidad y calidad de vida. No obstante, me faltaba algo. Algo que ansiaba y añoraba desde la niñez. Algo con lo que siempre había soñado. Algo que necesitaba; mi compañera de viaje.

Ahora que estás aquí, ahora que te encontrado, es cuando puedo decir; soy feliz. Ahora es cuando tengo todo lo que siempre he deseado en mi vida. Quedan iluisones y sueños por cumplir, metas por alcanzar, pero sé que, si es a tu lado, llegaremos a donde nos propongamos.

Porque ahora ya, no necesito más…

Parece que, por naturaleza, las personas nunca nos conformamos con lo tenemos. Da la impresión que, con tal de sentirnos...

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Tu felicidad, mi felicidad

Es más sencillo de lo que creemos. Cuesta mucho menos de lo que pensamos. No son necesarios grandes actos, sino que basta con pequeños gestos en nuestro día a día. Hacer la vida un poco más fácil a los demás es una tarea sencilla y, sobre todo, tremendamente beneficiosa para uno mismo. Pensemos qué le puede hacer sacar una sonrisa al que tenemos al lado, qué le puede hacer disfrutar aunque sea por unos segundos y no lo dudemos ni un instante, hagámoslo. Digámosle esa palabra de apoyo y cariño que necesita en esos momentos, gastémosle la broma que tanta gracia le hace, regalémosle ese caramelo que le gusta… No sólo haremos que, durante unos instantes, esa persona se sienta mejor sino que lo mismo nos sucederá a nosotros. Y, con el tiempo, conseguiremos el don más preciado, aquello que la humanidad siempre a anhelado; seremos eternos.
Porque la única forma de no morir nunca es permanecer en los corazones de los demás.

Es más sencillo de lo que creemos. Cuesta mucho menos de lo que pensamos. No son necesarios grandes actos, sino que bast...

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Lo eterno

La felicidad es momentánea, pero su recuerdo es eterno

 

Porque la vida se compone de pequeños momentos, buenos y malos, donde todos juntos, unos tras otros, forman una historia; nuestra historia.

Según dicen, son aquellas malas vivencias las que nos marcan de una forma especial, inolvidable, casi eterna, a lo largo de nuestra vida. Parece que todo lo negativo tiene un peso inigualable en nuestros corazones, que es instintivo recordar cada cierto tiempo lo que antaño nos hizo sufrir, abrazando fuertemente al dolor.

Por suerte, con el paso de los años me he dado cuenta que lo bueno tampoco se olvida. Siempre está ahí y, me atrevería a decir, que incluso de forma más intensa. Me refiero a esas cosas que sin esperarlas, y mucho menos sin buscarlas, suceden de forma espontánea, cargadas de magia, y que nos hacen encontrar una razón más a nuestra existencia. Esas cosas que, aunque no te termines de creer, nos hacen más grandes, nos hacen crecer a base de ilusiones y sueños, nos hacen ser mejores personas y creer en los cuentos que una vez de niños escuchamos.

Sí, no te equivocas, me refiero a ti y a mí. A ese preciso instante, a esa chispa que se encendió en el lugar y en el momento justo. A esa fuerza que nos unió y que, estoy seguro, siempre nos mantendrá juntos. A ese sueño que, cultivado desde niño y después de casi 32 años, se hace realidad. A ese correo electrónico. A ese primer abrazo en el coche. Y, sobre todo, a ese te quiero que nunca me cansaré de escuchar.

Porque, por muchos años que pasen, siempre lo recordaré…

La felicidad es momentánea, pero su recuerdo es eterno   Porque la vida se compone de pequeños momentos, buenos y m...

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