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El caso “La mala costumbre”

No recuerdo el tiempo exacto que llevo escribiendo. Ya desde pequeño, más o menos con 7 años, me encantaba ponerme delante de la máquina y plasmar en un folio todo lo que se pasaba por mi cabeza. Pequeños relatos llenos de imaginación, avalados por la crítica de mis padres, que grapaba y guardaba como si de grandes tesoros se tratara.

Desde 2.008 aproximadamente, lo hago en el mundo online. Reflexiones de un pez grande, si no me equivoco, es mi tercer blog personal. Aunque con el paso del tiempo los breves relatos han ido desapareciendo dando paso a textos muy personales, cargados de sentimiento, la esencia se mantiene intacta; siempre he escrito para divertirme, para mostrar mi yo más profundo, para sentirme un poco más libre y, sobre todo, para llegar al corazón de los que me rodean.

Cuento ésto a raíz de un post que tuve la suerte de leer hace unos días llamado La mala costumbre. Su autora (@itwitera en Twitter), una joven desconocida hasta el momento para mí, escribió lo que a mi juicio es una auténtica maravilla. Sin otro propósito que comunicar su forma de ver y, sobre todo, de sentir la vida, su escrito está teniendo gran repercusión en las redes sociales; su blog, El rincón de Floricienta, ha recibido más de un millón de visitas y su artículo se está extendiendo como la pólvora en Facebook (yo mismo lo compartí entre mis contactos) además de recibir infinidad de comentarios. Como es lógico, y más en el entorno 2.0, entre todos estos comentarios se pueden observar opiniones muy positivas conviviendo con algunas, a mi parecer, excesivamente críticas. Ésto ha provocado la rápida reacción de la escritora quien, dos días después de publicar La mala costumbre, ha lanzado nuevo post titulado Gracias. En él explica su enorme sorpresa ante todo el “revuelo” que está causado su artículo, así como también se defiende de las despiadadas críticas (en algunos casos, se ha llegado a analizar párrafo por párrafo de su texto) para terminar de la siguiente forma; “Si antes escribía para mí, sin pensar en gustar ni agradar a nadie, ahora seguiré haciéndolo con más ganas y con más fuerza que nunca. Y más ahora que sé, que mi propósito de llegar al corazón de las personas es posible. Es real. Es alcanzable.

Sin duda alguna su caso, el caso La mala costumbre, ha supuesto un antes y un después para aquellos que escribimos desde los sentimientos, desde la pasión. Nos ha enseñado el poder que tienen nuestras palabras, cada letra que incluímos en nuestros escritos. Nos ha enseñado que con autenticidad, valentía y sensibilidad se puede llegar al interior de la gente. Nos ha enseñado que aunque los valores no están en alza todavía quedan personas que luchan día a día por ellos. Pero sobre todo nos ha enseñado que un mundo mejor es posible, es real. Gracias.

No recuerdo el tiempo exacto que llevo escribiendo. Ya desde pequeño, más o menos con 7 años, me encantaba ponerme delan...

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Las golosinas que me quedan…

El otro día, y tras la insistencia de mi madre, cayó en mis manos este texto del poeta y novelista brasileño Mario de Andrade. Un escrito sincero, puro, maduro y lleno de sentimiento con el cual me siento plenamente identificado.

Tras su lectura, una breve pausa de reflexión. Y, tras ésta, una pregunta; y tú, ¿cómo quieres gastar las golosinas que te quedan?

Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel chico que ganó un  paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones  interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de  sus lugares, talentos y logros. 
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchas golosinas en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.

Que sepa reír, de sus errores.

Que no se envanezca, con sus triunfos.

Que no se considere electa, antes de hora.

Que no huya, de sus responsabilidades.

Que defienda, la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…

Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan…

Estoy seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás…

“El valioso tiempo de los maduros”, Mario de Andrade

El otro día, y tras la insistencia de mi madre, cayó en mis manos este texto del poeta y novelista brasileño Mario de An...

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El tiempo es tuyo

El otro día, en uno de esos momentos de inspiración, escribí el siguiente tweet:

“Cree en ti, en que eres capaz de conseguir todo aquello que deseas, porque sino crees tú nadie lo hará por ti…”

Desde entonces, y de forma diaria, esa frase no deja de visitarme. Y, sinceramente, me gusta que lo haga. Es más, creo que cada uno de nosotros la debería de llevar grabada a fuego…

Como un día dijo Baltasar Gracián, “Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”. Y es que el tiempo es algo que, aunque todos compartamos, tiene un valor incalculable. Sin duda, el mayor tesoro con el que contamos.

Sin embargo. cuando no nos llegamos a conocer del todo, cuando no sabemos quiénes somos realmente, cuando no confiamos en nuestras posibilidades, en que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos, cuando vamos por la vida “haciéndonos pequeñitos” ante cualquier situación y no somos conscientes de que somos unos gigantes, tiramos a la basura el tiempo, nuestro tiempo. Aquel que se nos está ofreciendo y ya nunca volverá. Aquel que un día, mirando atrás, querrás recuperar.

Que nada ni nadie te haga sentir que no eres capaz, que no vas a cumplir tus sueños. Recuerda que tienes una vida por delante para hacerlo. Como tú quieras, como tú lo sientas.

Sólo tienes que creer en ti, en tus convicciones, y, como diría el profesor Holland, encontrar tu propio camino y caminar en cualquier dirección, hacia donde tú quieras…

El otro día, en uno de esos momentos de inspiración, escribí el siguiente tweet: “Cree en ti, en que eres capaz de conse...

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Confianza; un bien muy preciado

No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación de Ortega y Gasset; “La fidelidad es la confianza erigida en norma”. La confianza es un elemento fundamental, la base, en cualquier tipo de relación; ya sea de carácter familiar, con tintes amorosos o, simplemente, una buena amistad. Sin ella no hay pilares que fortalezcan la unión entre dos personas, sin ella todo es “falso”, artificial e irreal. Sin embargo, ¡qué difícil parece encotrarla hoy en día! ¿No os parece?

Por todos es sabido que la archiconocida crisis no sólo afecta a lo económico, sino que también lo hace a algo mucho más importante; la educación y los valores de las personas. Conforme pasa el tiempo parece que el egoísmo y el bienestar propio le gana terreno a todo lo demás, importando bien poco (o nada) lo referente al otro. Este egoísmo repercute, en muchos casos, sobre las relaciones con otras personas lo que afecta, directamente, a la confianza. Confianza que se ve rota con engaños, mentiras y decisiones que sólo buscan el placer de uno mismo sin importar el resto (cuánto mal ha hecho la errónea interpretación del famoso “carpe diem”). Sin darnos cuenta, permitiéndonos arrastrar por la corriente del caudaloso río que parece ser nuestro día a día actual, estamos dejando de lado una parte esencial de nuestra propia existencia, algo tan preciado y poderoso como es el poder confiar, poder delegar y apoyarte en todo momento en otra persona sabiendo que ésta te va a responder como deseas.

Porque como dijo John Lennon, “Un sueño que sueñas solo es sólo un sueño. Un sueño que sueñas con alguien es una realidad.”

No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación de Ortega y Gasset; “La fidelidad es la confianza erigida en norma”. L...

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Así te quiero yo…

Porque en ocasiones se quiere porque sí, sin explicaciones. De la forma más intensa que se ha hecho nunca. Por encima de todo y de todos. Sin dudas. Sin condiciones. Con el corazón, con el alma. Porque así te quiero yo…

Porque en ocasiones se quiere porque sí, sin explicaciones. De la forma más intensa que se ha hecho nunca. Por encima de...

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Ya no necesito más

Parece que, por naturaleza, las personas nunca nos conformamos con lo tenemos. Da la impresión que, con tal de sentirnos bien con nosotros mismos, tenemos la imperiosa necesidad de poseer más y más, adentrándonos de esta forma en un círculo de dificil salida. Queremos un coche mejor, una casa más amplia, un trabajo donde ganemos más y seamos más valorados… y así un sinfín de aspectos que, diariamente, forman parte de nuestras vidas.

Cuando entramos en esta dinámica dejamos a un lado el verdadero motivo de estar aquí; ser felices. Corremos el peligro de que llegue el momento en el que, si no alcanzamos todo lo que deseamos, nos sintamos frustrados, defraudados y, por consiguiente, infelices.
No es tarea sencilla, y con esto tampoco digo que seamos conformistas, sólo que intentemos no obsesionarnos con ello. Luchemos siempre por aquello que deseemos, pongámonos metas, pero aprendamos también a disfrutar lo que tenemos.

Como se dice coloquialmente, resulta muy fácil hablar “a toro pasado” pero por eso precisamente, porque lo he vivido, porque lo he aprendido, cuento mi experiencia; por mi forma de ser, ni mejor ni peor, nunca he tenido lo material como aspecto primordial en mi vida. Siempre he tenido claro que para ser feliz me bastaba sentirme acompañado y querido, con una pareja, con mi familia y [email protected], y ganar lo suficiente como, para de vez en cuando, darme un pequeño capricho. No he querido nunca nada más. Poder disfrutar de la vida con la gente a la que quiero.

Miro atrás y me reencuentro de frente con la disconformidad y la resignación que tanto me acompañaron hace meses. Aunque, a priori, lo tenía todo para ser feliz, he de reconocer que no lo era. Me sentía querido por mi familia y [email protected], tenía (y tengo) el perro que siempre he deseado, un trabajo que, más o menos, me permite cierta calidad de vida y una casa que, por su ubicación, proporciona mucha tranquilidad y calidad de vida. No obstante, me faltaba algo. Algo que ansiaba y añoraba desde la niñez. Algo con lo que siempre había soñado. Algo que necesitaba; mi compañera de viaje.

Ahora que estás aquí, ahora que te encontrado, es cuando puedo decir; soy feliz. Ahora es cuando tengo todo lo que siempre he deseado en mi vida. Quedan iluisones y sueños por cumplir, metas por alcanzar, pero sé que, si es a tu lado, llegaremos a donde nos propongamos.

Porque ahora ya, no necesito más…

Parece que, por naturaleza, las personas nunca nos conformamos con lo tenemos. Da la impresión que, con tal de sentirnos...

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En ese preciso momento

Es en ese preciso momento, cuando cierras los ojos y te olvidas de todo lo que tienes a tu alrededor por unos segundos, cuando cientos de recuerdos acuden, bruscamente y agolpándose los unos con los otros, a tu mente. Recuerdos de buenos y malos momentos vividos a lo largo del camino. Recuerdos de la infancia, de la escuela, de la adolescencia, de la familia, de los amigos… Recuerdos que, de una forma u otra, han marcado tu vida y te han hecho ser quien eres ahora mismo.

Es en ese preciso momento cuando eres consciente de todos los obstáculos que, aunque pensaras que nunca ibas a poder vencer, has logrado superar. Obstáculos que te han hecho más fuerte, más valiente.

Es en ese preciso momento cuando respiras profundo, te sientes un poco más grande, y tienes la certeza de que no hay que perder un solo segundo.

Es en ese preciso momento cuando te das cuenta de que, pase lo que pase, lo único que importa es VIVIR. VIVIR en mayúsculas, sin importar nada más.

Es en ese preciso momento cuando VIVES

Es en ese preciso momento, cuando cierras los ojos y te olvidas de todo lo que tienes a tu alrededor por unos segundos,...

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Tu felicidad, mi felicidad

Es más sencillo de lo que creemos. Cuesta mucho menos de lo que pensamos. No son necesarios grandes actos, sino que basta con pequeños gestos en nuestro día a día. Hacer la vida un poco más fácil a los demás es una tarea sencilla y, sobre todo, tremendamente beneficiosa para uno mismo. Pensemos qué le puede hacer sacar una sonrisa al que tenemos al lado, qué le puede hacer disfrutar aunque sea por unos segundos y no lo dudemos ni un instante, hagámoslo. Digámosle esa palabra de apoyo y cariño que necesita en esos momentos, gastémosle la broma que tanta gracia le hace, regalémosle ese caramelo que le gusta… No sólo haremos que, durante unos instantes, esa persona se sienta mejor sino que lo mismo nos sucederá a nosotros. Y, con el tiempo, conseguiremos el don más preciado, aquello que la humanidad siempre a anhelado; seremos eternos.
Porque la única forma de no morir nunca es permanecer en los corazones de los demás.

Es más sencillo de lo que creemos. Cuesta mucho menos de lo que pensamos. No son necesarios grandes actos, sino que bast...

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Porque está en tu mano…

Nunca te olvides de sonreír, porque un día que no sonrías será un día perdido, Charles Chaplin

Conforme pasan los años lo tengo más claro; la actitud es algo necesario y, sobre todo, totalmente fundamental en esta vida. Sin ella no conoceríamos el éxito, no sabríamos levantarnos tras las caídas y, lo más importante de todo, sólo seríamos meros espectadores de nuestra propia vida. Esto, obviamente, si se trata de una actitud positiva, llena de fe y cargada de ilusión por vivir, sonreír e intentar ser feliz.

Una persona que adopta esta actitud ante la vida es fácilmente reconocible; se encuentra en paz y a gusto consigo mismo, disfruta y hace disfrutar de la vida a los demás, transmite buen rollo y positivismo allá donde va y, sobre todo, resulta de apoyo fundamental a los que le rodean. En general, se puede decir que hace la vida más fácil y un poco más alegre al resto. Y todo ello de forma voluntaria, sin querer obtener nada a cambio, sin entender de aspectos materiales, superficiales y banales que, actualmente, tanto importan y poco aportan.

En el lado opuesto se encuentran otro tipo de personas, ajenas a lo verdaderamente importante de la vida, a aquello que le da y nos da sentido, y que basan innatamente su paso por esta vida a la simple existencia. En muchas ocasiones y de forma involuntaria, el pesimismo y la frustración son sus mejores aliados, convirtiendo su día a día en un círculo de pequeños padecimientos que, de forma indirecta, también afectan a todos aquellos que los rodean. Es decir, al contrario que sucede con las personas que adoptan una actitud positiva y cargada de energía, hacen un poco más difícil e incómoda la vida a su entorno y, con el paso del tiempo, se van cargando de lacras que terminan enterrando cualquier ilusión.

Todos somos actores de la misma función, tan solo depende del papel que desempeñemos en ella. ¿Cuál es el tuyo?

Nunca te olvides de sonreír, porque un día que no sonrías será un día perdido, Charles Chaplin Conforme pasan los años l...

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Te quiero

Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos”, Bertrand Russell

TE QUIERO. Solo letras. Solo dos bonitas palabras. Algo sencillo y rápido de pronunciar y a la vez, en muchos casos, tan difícil de decir. ¿Por qué? En ocasiones, por vergüenza (no a todo el mundo le resulta fácil expresar sus sentimientos), en otros casos por una forma de ser reservada y tímida en la que exteriorizar ciertos aspectos personales es todo un mundo y, por desgracia, muchas veces por la imposibilidad de sentir algo hacia otras personas que no sea uno mismo.

Resulta contradictorio; es ahora, cuando más formas de comunicación tenemos a nuestro alcance (desde el correo electrónico, hasta las redes sociales, pasando por el WhatsApp y el móvil), cuando más relación diaria tenemos con las personas de nuestro entorno (pareja, familiares, amigos y compañeros de trabajo), cuando más nos cuesta expresar nuestros sentimientos de una forma sincera y pura. Y no me refiero a TE QUIERO falsos, dichos por impulsos faltos de sentimiento, sino a palabras verdaderas cargadas de amor.

Pues bien, yo quiero aportar mi granito de arena para que esto, poco a poco y entre todos, cambie. Para que sepamos decir (y digamos) sin ningún tipo de pudor ni impedimento aquello que sentimos por los demás, aquello que tanto a ellos como a nosotros nos hará encontrarnos mejor, nos cargará de positivismo, nos hará felices y hasta hará que le encontremos un sentido a nuestras vidas.

Yo creo que es el momento de empezar, ¿y tú?

Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos", Bertrand Russell TE QUIERO. Solo le...

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