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La sociedad del Ello

La vida no está hecha de deseos y sí de los actos de cada uno, Paulo Coelho

Actualmente pocos son los que se cuestionan que España está atravesando una de las mayores crisis de su historia al igual que, por desgracia, pocos son los que dudan que esa crisis no sólo reside en lo económico, sino que va mucho más allá…

Hace un tiempo, Sigmund Freud nos habló de tres conceptos fundamentales; el Ello, el Yo y el Superyó. A grandes rasgos y de forma muy resumida, el contenido del Ello es inconsciente y consiste fundamentalmente en la expresión psíquica de las pulsiones y deseos. Se encuentra en conflicto con el Yo y el Superyó. Por su parte, el Yo es la instancia encargada de desarrollar mecanismos que permitan obtener el mayor placer posible, pero dentro de los marcos que la realidad permita. Es la instancia psíquica actuante y que aparece como mediadora entre las otras dos ya que intenta conciliar las exigencias normativas y punitivas del Superyó, como asimismo las demandas de la realidad con los intereses del Ello por satisfacer deseos inconscientes. Por último, el Superyó es instancia moral, enjuiciadora de la actividad yoica, y constituye la internalización de las normas, reglas y prohibiciones parentales.

A día de hoy vivimos en una sociedad materialista, egoísta, desquiciada y, sobre todo, liderada por los deseos, por aquellos impulsos (al parecer) imposibles de controlar. Me explico con un burdo ejemplo; ¿qué alguien, paseando por la calle, tiene el repentino impulso de pegarle una patada a una papelera vertiendo sobre la acera todo su contenido? ¡Adelante! ¡Qué más da! Esa persona ha hecho lo que ha querido en el momento que ha deseado, ¿entones? ¡Eso es lo que vale! Sobra todo lo demás; la basura que ha esparcido, el trabajo extra que posteriormente alguien tendrá que realizar… Es decir, nos encontramos ante un desvirtuado Carpe diem en el que parece que todo vale, en el que no existen reglas, con tal de satisfacer los deseos personales. Pondré otro ejemplo, en este caso, menos banal y mucho más lamentable; ¿cuántas personas, hombres o mujeres, son infieles a sus parejas tras una simple borrachera mientras éstos cuidan de sus hijos en casa creyendo que son una pareja ideal? Afortunadamente, en nuestro país nadie nos impone con quién debemos tener una relación y, hasta el momento, cada uno es libre de elegir con quién formar una familia, entonces ¿para qué esas mentiras, esas falsedades, ese tremendo engaño? Por desgracia, en muchos casos, no existen ni los valores, ni mucho menos, el respeto. Sólo parece importar el momento y, por encima de todo, el bienestar propio a cualquier precio. Es entonces cuando el Ello le gana la partida a todo lo demás y a mí me vienen a la mente, de forma inevitable, imágenes tan famosas como ésta del genial Edward Hopper.

Edward-Hopper

Disfrutemos de la vida, de cada segundo de ésta, como deseemos, como cada uno sienta, pero, por encima de todo, seamos honestos con los demás y, sobre todo, con nosotros mismos. 

La vida no está hecha de deseos y sí de los actos de cada uno, Paulo Coelho Actualmente pocos son los que se cuestionan...

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