Un regalo que hay que aprovechar

Siempre que me preguntan sobre cuál es mi película favorita no tengo ninguna duda en contestar; Big Fish 

Es de esas películas que, según dicen, o te gusta mucho o no te gusta nada. Personalmente, desde que la vi por primera vez a principios de 2.005 no ha dejado de estar de alguna forma presente en mi vida y, sobre todo, no ha dejado de enseñarme cosas nuevas cada vez que la vuelvo a ver.

Hay veces, y no importa la edad que tengas, que no llegas a entender algo del todo hasta que una persona, un suceso o cualquier otro aspecto ajeno a ti te hace abrir los ojos de una forma inesperada. Es entonces, en ese preciso momento, cuando lo comprendes, asimilas y ya jamás lo olvidas. Eso mismo fue lo que me sucedió al ver por primera vez la escena con la que comienzo esta entrada y que tanto me ha marcado desde entonces; de repente y sin quererlo, supe que la vida es un regalo, un regalo que se nos da y que hay que aprovechar, que hay que disfrutar junto a [email protected] que nos quieren, respetan y aceptan pero, sobre todo, entendí que la vida hay que vivirla como cada [email protected] la sienta persiguiendo de forma incansable nuestras metassueños e ilusiones por extrañas que parezcan.

Porque cada [email protected] de [email protected], aunque no lo creamos, somos mucho más de lo que nos imaginamos…

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